30.1.07

La estricta equivalencia.

Anciano. --Venga, venga. Cómase su sombrero antes de entrar. Es muy apetitoso, muy rico. Tengo por aquíe spuma, cadáver y sal. Va a ver qué bien se complementa con el calamar que está degollando para la cena. Pase por aquí, venga, venga. Esta es mi casa, pero nada en ella parece ser mío, por eso lo llamé. Quiero que observe mis cosas, mis objetos, y que me diga en cuáles la etiqueta dice "debe". Porque eso quiere decir que aun debo.

Joven. --¿Qué debe?

Anciano. --Venga, venga. Observe. Este es el cuarto lleno de cosas. Así se cuentan y recuentan los objetos, sólo que yo no puedo hacerlo, sino que debe hacerlo un Imparcial. Es estrictamente necesario que dejemos de lado toda referencia a la palabra caridad, y nos centremos en la de justicia.

Joven. --¿Cómo? ¿Qué dice?

Anciano. --¿No sabe qué es la justicia? Por favor... uno que no sabe. La justicia, señor, es la estricta equivalencia de las prestaciones. Yo doy, y usted da. Eso de que lo esencial es invisible a los ojos es una linda fábula que se inventó para los crédulos, los inocentes, y los ingenuos. Pase, por favor, a corroborar las cosas que debo. Haga el inventario. Pase con su libreta y anote. La justicia lo demanda. ¿Quiere un té? Me olvidaba. Como usted es auxiliar de la justicia, tal vez no debería hacerle esta aclaración, pero se la hago de todos modos. Si yo lo invito a un té, le estoy dando una cosa. Así que usted, en justicia, deberá invitarme a uno también. No es necesario que lo haga ahora, ni hoy. Pero por favor, no deje pasar mucho tiempo. Odiaría que se devenguen los intereses.

Joven. --No, gracias.

Anciano. --¿Seguro que no quiere un té?

Joven. --No. Gracias. Yo sólo tomo té con mis amigos.

Anciano. --Amistad... ¿qué es eso? Yo le pedí un inventario. Saque esa noción de mi casa. Aquí sólo entra el concepto de justicia. Y si me pregunta, la justicia es 1+1=2. Yo doy uno, usted da uno, y así se hace el dos. Hoy por ti, y hoy por mí, o corre el interés, claro. Pero pase.

Joven. --Me parece que no quiero entrar. Usted a mí no me entiende, sólo entiende a los que son como usted.

Anciano. --¿Me pide que lo entienda? ¿Entenderlo, yo? Considero que es sumamente inapropiado que me pida eso. En estricta justicia yo no debo comprenderlo. Sólo debo retribuirle las cosas que me dio. Y por el momento, en realidad, usted es el que me está debiendo el inventario de mis cosas.

Joven. --¿Pero para qué quiere un inventario?

Anciano. --Es vital. Tengo que determinar las cosas que aun debo a otros.

Joven. --¿Cosas que debe? ¿A quién? Si no tiene deudas.

Anciano. --Es obvio, jovencito, que no me ha escuchado nada de lo que le vengo diciendo. En justicia, debo muchas cosas. Se me regalaron muchas cosas, me han dado muchos objetios, y debo retribuirlos equivalentemente, por justicia.

Joven. --¿Quién le dio esas cosas?

Anciano. --Eso no importa.

Joven. --¿Pero no pensó que tal vez alguna de las cosas se las dieron por amor, sin pedir nada a cambio?

Anciano. --Usted, jovencito, vive en un mundo de papelitos de colores y origami. ¿Amor? Yo sé que el amor es justo. Si alguien me ama, me da cosas. Y yo le debo otras cosas. Como ve, todo se resume en la justicia. Pero en definitiva... ¿no piensa entrar a hacer el inventario? ¿Ya se comió su sombrero?

Joven. --Está muy equivocado. Al amor no le interesa eso que usted llama justicia.

Anciano. --No me haga reir. Lo que pasa es que usted es muy jovencito y no sabe nada del mundo.

Joven. --No... ya veo que no sé. Ya veo que lo único que le interesa a usted son las cosas. Usted nunca recibió ni dio amor. No sabe lo que es el amor. Pero está bien. ¿Quiere cosas? Tome, tome cosas. Este abanico, tome. Es palpable, es una cosa. Y acá tiene una plancha. Le va a servir mucho, le va a quitar las arrugas de la ropa.

Anciano. --Pero, joven, por favor, muchísimas gracias. Que gran amabilidad la suya, me está dando objetos, cosas de contenido económico. Tenga, tengo que retribuirle.

Joven. --¡Enfermo de mierda! Me das lástima, ¿no te das cuenta? Vivís tu vida según la tiranía de los objetos y del dinero. ¿No te das cuenta de que hay otras formas mucho mejores de dar tu amor?

Anciano. --Pero, jovencito, la única y verdadera manera de dar amor es dar cosas útiles, objetos que tienen un contenido económico, y que sirven. Así como sus padres le dieron ropa, educación, y cosas porque lo aman, usted deberá retribuir ese amor del mismo modo, con cosas. Es justo.

Joven. -- ¡Justicia! Su justicia me enferma. Ojalá nunca sea una persona justa del modo en que usted lo es. Ese día me habré convertido en un mercenario vil. Un amarrete que piensa que amar es dar dinero, y que desmerece a toda otra cosa que no sea dinero. Me da vergüenza haber hablado con usted.

Anciano. --Ahora, joven, me parece sumamente inapropiado que con su inexperiencia juzgue mi amplio conocimiento de los modos del mundo. Eso que usted dice no existe. Todo el que da algo, espera algo a cambio. La justicia así lo pide. Y el amor no puede existir sin justicia, ¿sabe?

Joven. --Su amor tal vez no pueda. ¿Sabe una cosa? Si la única justicia que existe hubiese sido la suya, ¿por qué piensa que Dios retribuye del mismo modo a los que trabajan una hora en su viña, que a los que trabajaron todo el día?

Anciano. --Esos son idealismos. Yo no soy Dios. Y dudo que así lo haga. Debe haber escalones de cercanía en el cielo. Los que dieron más cosas, estarán más cerca de Él.

Joven. --No, está usted muy equivocado. Los que estén más cerca, serán los que hayan dado sin pedir nada a cambio. Sin la justicia que usted define como estricta equivalencia de prestaciones. Por suerte, hay unos pocos en el mundo que no piensan como usted. Gracias a esos pocos, el mundo no se ha ido a la mierda. ¿Y sabe qué? Yo no degollo calamares, ni me como sombreros. Eso lo hacen los que son como usted.

28.1.07

entre tiempos

espero tener fotos del evento (mi próximo cumpleaños, el 31 de enero) como para poder cargarlas. a veces me siento vieja, y después, al minuto siguiente, tan inapropiada para este mundo...

hoy tuve momentos de belleza extraordinaria. Fui a misa, tomé la comunión, y en un único momento me sentí cerca de Dios. Es cuando decimos "yo no soy digna de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme".

Triste que haya sido en ese único momento. Pensé que tenía que escribirle a benedicto xvi mis opiniones sobre la misa, pero por otra parte, me imaginé qué sería que harían con los mails que debe recibir... y me imaginé la marea atroz de mails que debe tener ese hombre, y me di cuenta de que no los lee benedicto sino algún otro, si es que alguien los lee.

a mí me gustaría hacer algo. suena ridículo, pero me gustaría hacer algo por la iglesia católica. La veo tan perdida en los ritualismos pedorros... ¿por qué la cena del señor es tan acartonada? ¿Por qué para celebrar que Jesús dio la vida por mí y por todos nosotros, tengo que estar sentada en silencio sin saber nada de la persona que tengo en frente, o cerca de mí? ¿Por qué no se puede hablar en la cena del señor con las personas que tenes al lado, y que ellos sean el vaso que nos trae la gracia de Dios? ¿Por qué no podemos hablar, sentados en círculos, sobre la Palabra de Dios? ¿Por qué tenemos que escuchar al sacerdote que nos habla cansado, agobiado, triste de repetir y repetir lo mismo, que nos pasa un sermón? ¿Por qué nosotros no podemos enseñarle también al sacerdote? Si lo que importa es el amor, y no la ciencia. Muchas veces, piensoq ue el sacerdote vive otro tipo de realidad. ¿Qué sabe él de vivir en este mundo? ¿QUé sabe él de tener un trabajo en el que tu jefe es un hijo de puta? ¿conoce la desesperación? ¿sabe realmente lo difícil que es amar a otra persona, y compartirlo TODO con ella? ¿Cómo me va a consolar? Por gracia divina, va a tener respuestas. Ok, sé que por gracia divina, el sacerdote, aunque su vida sea totalmente distinta a la mía, va a poder darme buen consejo.

Pero es re difícil poder hablar con un sacerdote. Están re ocupados, porque SON POCOS. Entonces, tienen la agenda abultadísima. Yo me pregunto si no sería mejor que nos preguntemos qué clase de iglesia tenemos, y por qué consentimos que siga siendo así.

Hay muchas preguntas que me surgen, cada vez que voy a misa. Nadie las responde nunca.

19.1.07

sobre héroes y tumbas, de ernesto sábado

Estoy leyéndolo por primera vez, y realmente tiene pasajes que me han dado vuelta la cabeza. Hay registradas, en ese libro, maneras de ser típicas de los argentinos. Cuando lo leo, veo cómo ha desmenuzado este mundo, y cómo, presa de la desilusión por él, han seguido viviendo los narradores de la primera y la última parte del libro. Bien podría ser yo, cualquiera de ambos.

Me vino bien leer ese libro, me ayudó a darme cuenta de muchas cosas. Primero, que no soy la única que ve que este mundo es una mierda, el que de algún modo místico que no se explica racionalmente, sigue existiendo en vez de precipitarse hacia la nada. Segundo, que a pesar de ser una mierda, este mundo logra brindarnos momentos no sólo felices sino también, sublimes, aunque duren menos que un suspiro. Cómo coexiste la mierda con lo sublime es un misterio también, el más grande de todos, mucho mayor que el de por qué no se precipita hacia la nada.

El libro tiene la melancolía que yo he estado viviendo desde hace un año o dos, por lo que además de hacerme ver lo que acabo de decir, me hizo ver también que lo que se hace en esos casos es seguir existiendo y seguir haciendo lo que hacen todos, que es trabajar y ganarse el pan, tal vez para nada, pero mucho más probablemente para algún fin que apenas se vislumbra en el aquí y ahora, que es el cumplimiento de la propia vocación. Vocación que toma múltiples facetas, según la persona en que recaiga.

Los personajes sufren, y sin embargo siguien viviendo. Pero para hacerlo, todos pasan por alguna crisis mayor, algo que los termina destruyéndolos un poco, aunque al fin acaba por fortalecerlos y así les permite resistir la mierda de esta vida.

Fue realmente providencial para mí leer ese libro, porque nadie parece hablar de la mierda que es la vida, y del dolor que el mismo vivir les causa a los más débiles o los más sensibles. Los que hablan por lo general son los fuertes, los que sobreviven aplastando o explotando a los que tienen a su alrededor. Son los que dicen: "así es la vida, m'ijito. Hay que laburar". Y laburar para ellos es hacer lo que sea necesario para ganarse el pan, el auto, la heladera, el microondas, la computadora, el equipo de DVD y el sistema de sonido surround, y la casa o el departamento TOP. Y no nos olvidemos de la ropa de marca, que en un atuendo completo (zapatos, cartera, ropa interior, y vestimenta) alimenta a una familia pobre por un mes.

Siempre hay gente ridículamente optimista que canta cosas como "what a wonderful world", que traducido dice: qué mundo maravilloso. Pero yo necesitaba hacer el camino inverso, y no ese optimismo que a primera vista parece tan pueril: quería que alguien me explique cómo desde el pesimismo total se puede llegar a ese optimismo, por medio de qué milagro se lograba, a pesar de la desilusión y la melancolía y el cinismo. Porque un cínico alguna vez fue optimista o inocente. Sin embargo, es fácil creer en los ideales cuando nada los ha puesto a prueba. Es fácil ser optimista cuando se es inocente respecto de los demás hombres. Es realmente excepcional la persona que habiendo vivido en este mundo, y habiendo tenido que soportar la mierda de los otros sin poder hacer nada, sigue siendo optimista. También es excepcional el hombre que recupera su optimismo después de haberlo perdido.

De algún modo, gracias a haber leído este libro, comencé a recuperar las ganas de seguir. Sé que la gente sólo cambia cuando algo límite irrumpe en su vida, cuando una crisis se la da vuelta sin contemplaciones. Sé que no puedo cambiar yo a nadie, por lo tanto. Y sé que no se puede cambiar el mundo, porque cambiar el mundo es cambiar a las personas que viven en él.

Yo ya no quiero cambiar el mundo. Aprendí a los golpes que no se puede, que la gente es un sorete, y que yo misma, muchas veces, y para mi propia vergüenza, soy un sorete también. Pero aunque no cambie el mundo, puedo vivir mi vida como yo quiera. Puedo hacer algo de mí, de mis talentos, puedo sentirme completa a pesar de la mierda de este mundo. Puedo escribir.

Puedo escribir y ser yo misma, y hacer en mi escritura lo que se me cante el soberano ojete, porque nadie me basurea, ni me mandonea, ni me explota cuando escribo. Y sí que se toma revancha quien escribe. Se toma revancha del hijo de puta, del sádico, del amarrete, del cruel, del indiferente. Porque escribiendo, puede denunciarlo con nombre y apellido, aunque los cambie a los nombres reales por otros inventados.

Algunas veces escribo, y otras describo quién soy

¿Nunca sentiste cómo de golpe sos otra persona, y que no sabés cómo ni cuándo pasó?

Yo no sé quién soy a estas alturas, pero tampoco debería pretender saberlo, me parece. Vivir es complicado de por sí, y soy prisionera de mis propias costumbres.

13.1.07

Mi año nuevo, mis resoluciones, y otras observaciones más

Mi año nuevo no fue óptimo. Tal vez, sí la noche de año nuevo en sí, pero el resto... quisiera ser justa sin juzgar. Quisiera poder hablar sin criticar sin fundamentos. Lo que puedo decir, escuetamente y en toda justicia, es que estar con mis viejos me pone muy nerviosa, tal vez por las diferencias de carácter y temperamento que hay entre ellos y yo.

Y hubo algunos eventos que me sacaron de quicio. Presa de la ansiedad, comí de más en los 10 días que pasé allá. Y engordé varios kilos, no obscenamente, pero sí al punto de que los pantalones que usaba hace un mes ya no me entran. Así que regresé y me puse a hacer dieta.

Sin embargo, obligada a reflexionar por mi propia naturaleza, que necesita saber el motivo u origen de todo, me pregunté por qué había tenido que comer de más, y descubrí que siempre es así en mí, que cada vez que un evento me supera, tengo que encontrar comida, y la como, y la como, no porque tenga hambre, sino porque tengo que llenar un vacío, una nada que llevo dentro. No disfruto lo que estoy comiendo, en el fiondo, porque sé que hago mal, sé que voy a engordar o que ya engordé y que no debería estar comiendo, pero es más fuerte ese vacío que cualquier razonamiento que pueda hacer. Tal vez la comida sea una adicción para mí, del mismo modo que para algunos lo es el cigarrillo. Y esta proposición, que escribí sazonada por el modo hipotético, en realidad es cierta.

Sin embargo, mi voluntad no me abandona para siempre, y cuando llego al punto que considero límite (dícese, engordar seis o cinco kilos) hago dieta.

Recuperar mi antiguao peso va a ser largo y penoso, y , ahora lo veo, no voy a poder hacer ninguna excepción, ni siquiera en el día de mi cumpleaños, porque cada vez que me salgo de la dieta, indefectiblemente tengo una recaida, y después vuelvo a comer de más. Como le pasa al adicto a alcohol, que no puede beber ni un sorbo una vez recuperado.

Y sin embargo, en muy pocos lados se habla de la adicción a la comida, y es tan común... tal vez porque los únicos resultados sean personas gordas. En canal 13 hay un programa que se llama Cuestión de peso y ahí van personas que tienen la enfermedad, la misma que yo, pero en un estado gravísimo o grave. Gente que pesa 150 kilos y debería pesar 65, o 70. Me dan mucha pena, porque tienen la misma enfermedad que yo, pero su punto límite no fueron 5 kilos. Tal vez, a mí me salva mi fuerza de voluntad. Pero me ha fallado tan seguido, que me siento defraudada por ella. Espero que esta vez me acompañe, y que no vuelva a tener esas ansias y ansiedades.

¿Por qué escribo esto? Tal vez, porque pretendo que otros me digan que no estoy tan rayada, que no estoy sola, que hay miles como yo, que lo ocultan tras ejercicios o dietas y sonrisas perfectas de odontólogo. Quiero que me entiendan. Pero también, escribo esto porque quiero descifrar el misterio que soy para mí misma. ¿Quién soy yo? Vivo conmigo desde que nací y sin embargo, muchas veces me sorprendo. No me comprendo del todo, y tal vez no lo haga nunca.

Nada queda oculto. Estas cosas que yo hoy voy tapiando, algún día van a quedar a la luz, a vista de Dios, es más, qué digo algún día, ya mismo lo están. Yo soy esto que digo de mí, lo admito. Porque sé que admitir que se tiene un problema es el primer paso necesario para solucionarlo o intentar hacerlo.

Yo no creo que por maldad uno se niegue a sí mismo este tipo de cosas. Creo que es por debilidad. No es fácil plegarse, ser sujeto y objeto de observación crítica al mismo tiempo. No es fácil mirarse al espejo, porque nuestro modo de vivir, entre cosas materiales y ruidos y divertimentos, ensucian al espejo. Nos hacen olvidar que está ahí.

26.12.06

Navidad

Fue linda. Espero que lo mismo pase con Año Nuevo.

9.12.06

el nombre de mi blog

Se llama "el lapiz y papel de atreyu" por una razón, no porque estoy loca. Por un lado, yo era chiquita cuando salió "la historia sin fin" en el cine. Por eso "Atreyu" se me quedó grabado. Por otro, suena parecido a mi nombre, "Andrea", y por último, porque mi cuñado me empezó a decir así en joda, y ahora todos me dicen así. Mirá qué cosa.

Lo que hay en mi cabeza

Estaba estudiando cuando decidí tomarme un pequeño descanso.

Escribir acá me relaja, me hace dejar de preocuparme por otras cosas que no sean las palabras mismas, porque no hay nada más allá de este cuadro, sino que lo único que existe es lo que quiero decir y las palabras más adecuadas para hacerlo.

Me hace acordar a cuando escribía mi diario. Guardé únicamente el último, porque realmente me daba vergüenza haber sido tan adolescentemente estúpida.

Pero escribir acá es diferente, porque cualquiera que sepa la página, puede simplemente abrirla con un navegador, y leer lo que escribí hace dos minutos atrás. Tampoco creo que suceda nada de eso. Sé que cada tanto, alguien lee lo que escribo, pero la gente que más me importa que lo haga, no lo hace, en una de las tantas aplicaciones de la ley de Murphy. Que son tantas, que ya no vale la pena explicitarlas.

Yo tengo un grave problema de comunicación con mi familia. Los quiero y me quieren. Pero no saben (y creo que nunca supieron) verme tal cual soy. Eso es también mi culpa, porque cansada de no ser vista, comencé a interpretar un papel frente a ellos. El de la hija convencional.

Han tenido más de una oportunidad para darse cuenta de que no lo soy, o más bien, de que no es eso lo que más me hace feliz. Porque no hubiera podido interpretar tantos años ese rol  si algo en mí no fuera como el papel lo requiere.

Uno tiene que encontrar algo del papel en sí mismo para poder interpretarlo. Aunque sea un pequeñísimo aspecto de uno mismo.

Son los condicionamientos externos, los de tu familia, los que te imprimen la necesidad de ser de una manera determinada o de otra. Si toda tu vida te dicen que sos responsable, desde chiquito, vas a interpretar ese papel. Tanto, que terminarás creyéndotelo. Y si no lo eras, quedás atrapado de todas formas en el papel, después de años y años de interpretarlo.

Mi madre, por ejemplo. Ella ve en mí lo que tiene ganas de ver. Es la persona más ingenua del mundo, descontando tal vez a Santa Teresita del Niño Jesús, y a la población infantil. Leyó lo que había empezado a escribir, y dijo que era como si hubiera condensado toda la sabiduría del mundo y la hubiese puesto en mi novela. Esas fueron sus palabras. Exactamente. Toda la sabiduría del mundo. Me gustó mucho saber que ella había disfrutado lo que escribí, pero tuve que dejar de lado su crítica. No me pareció seria.

Mamá, yo te quiero, pero cuántas veces te desprecié por ser como sos. Porque no me supiste preparar para la mierda de este mundo. Yo nunca fui tan ingenua, pero tampoco estaba preparada para los porrazos que el mundo distribuye tan gratuitamente. Lo más difícil que había tenido que superar antes de venirme a vivir sola fueron situaciones como la muerte de mi abuela, a los 6 años, más o menos, o un ataque de ira de mi papá cuando osé decirle que era un boludo por X cosa que ya no recuerdo, y él golpeó la puerta de mi cuarto con tanta fuerza que tuve miedo de que me pegara a mí. Después de eso, tuve miedo siempre de decirle lo que pensaba a mi papá. Porque decir la verdad equivalía a ser rechazada.

Mi papá es una persona violenta. Nunca me puso un dedo encima, pero su violencia es moral. Puede decirte sin ningún remordimiento que no servís para nada. ¿Sus hijos han sido siempre una desilusión? No sabría decirlo; pero lo que sí sé es que a mí el miedo me llevó a vivir de modo "perfecto" para evitar otro golpe en la puerta. 

Yo no los odio, a ninguno de los dos. Empecé a ver sus errores desde hace tiempo ya. Pero nunca me di la libertad de decirles exactamente lo que pensaba. Sin embargo, esto también es cobarde, porque no se los digo a la cara. Ojalá algún día tenga el coraje suficiente como para poder sacarme la máscara. Poder decirles que ellos no han sido perfectos, que me lastimaron al criarme, porque no supieron verme a mí, y siempre vieron lo que querían ver de mí. Y que lo mismo le hicieron a mis hermanos. Con su plan de "eso se discute puertas adentro", nunca hablamos sinceramente. Las "discusiones" en mi casa siempre fueron verticalistas: por el principio de autoridad nos pasaban desde arriba la sacrosanta verdad, la experiencia y lo correcto, y nosotros, las criaturas inferiores en sabiduría, recibíamos la iluminación.

Que tengamos nuestra opinión es malo, si no concuerda con la de ellos. Mi mamá no es así, ése es mi papá, pero como ella nunca se opuso a mi padre frente a nosotros, da lo mismo si piensa o pensaba igual o diferente. Las veces que hablé con mamá, ella por atrás me dijo que no pensaba igual que papá en muchas cosas. Pero jamás lo puteó en una discusión abierta de toda la familia, ni jamás le dijo "sos un pelotudo por pensar así, un pelotudo soberbio". Con lo que avaló frente a nuestros ojos todas las cosas que nos dijo mi papá. Con lo que mi papá se transformó en esa figura mística que no se contradice jamás. A mí me hubiera ayudado saber que mis viejos discutían sobre lo que estaba bien o mal. Me hubiera dado otra seguridad de que no hay una verdad única y sacrosanta que viene desde arriba, y que ellos no eran infalibles.

Y mis errores, que no tienen nombre: yo les contaba todo lo que hacía Santiago. Les pasaba toda la data. Mi hermano llegó a odiarme, casi. Creo que lo desilusioné mucho. Y mi mamá, con sus anteojeras de ingenuidad, nunca supo ver lo que estaba pasando: que con lo que yo hacía, de contarles, me alejaba de Santiago.

Aun así, soy quien soy. No maté a nadie, no lastimé a nadie demasiado, no miento demasiado, aunque sí miento muchas veces, sobretodo a mis padres, porque es más fácil mentirles que decirles la verdad. Hui de mi casa, con su avenimiento, es cierto, porque ya no soportaba vivir con ellos. No porque hicieran nada malo, sino porque nunca en su puta vida se interesaron por lo que a mí me interesa. La sorpresa de mi mamá: "¿estás escribiendo una novela?" Sí, mamá, escribo.

Escribo poesías desde los 16, y nunca se te ocurrió decirme, cuando las leías, las pocas veces que te las daba, que eran buenas, que siga, porque iba a llegar lejos.

Y sin embargo, acá estoy. Escribo. Seguí escribiendo a pesar de todo eso, lo cual habla de que a pesar de todo, a pesar de mis miedos y mi necesidad de aceptación, a pesar de haberlo pospuesto por la carrera de abogacía, a pesar de la total falta de apoyo y aliciente de parte de mis padres, es lo que realmente quiero hacer. Lo cual habla de la fuerza de la vocación. Yo leí mucho de la vocación, en la UCA, para Filosofía II. Vocación como llamado a hacer lo que uno es. Cumpliendo la vocación es como uno se hace realmente uno mismo. Yo escribiría aunque estuviese prohibido, aunque me cobraran multas, aunque nadie leyera lo que escribo. Lo haría igual. Cualquier otra cosa que hiciera, no me satisfaría como lo hace escribir. Escribiría aunque todo el mundo dijese que escibo bazofias, que no tengo técnica, que no tengo nada que decir. Porque al escribir me siento feliz, mientras que haciendo cualquier otra cosa, estoy, como mucho, contenta.


 

7.12.06

Diez

Me siento bien conmigo misma en estos días, pero nunca al 100%. Es como si algo me tirara hacia atrás, inexplicablemente, porque no hay nada malo en mi vida; por el contrario, las cosas andan más que bien.

Pero muchas veces el problema viene desde dentro de mi mente, porque tengo fantasmas alojados ahí y no hago nada para sacarlos. Estoy cansada de pensar y pensar. No puedo hacer nada si no lo pensé antes detenidamente. Y no me permito ser espontánea. Siempre tengo a mano el látigo.

Fui a rendir Derecho Administrativo. Rendir esa materia fue como deshacerme de un muerto que iba arrastrando desde hace tres años. Fui la última en rendir, porque como mi profesor había renunciado, tuve que cambiarme de cátedra, y la resolución de la universidad no había salido para el día del examen final. Por suerte, no soy de la UBA. En ese caso, hubiera sido más fácil incinerar al empleado que lograr que mi trámite saliera a tiempo. Pero me fui de tema. El mismo día del exámen, en el que de por sí ya estaba muerta de nervios, me tuve que poner a gestionar el tema del cambio de cátedra. Me lo aprobaron in situ, y me agregaron manualmente a la lista, pero debido a eso, me agregaron última, y así fue que rendí: última. 3 horas después de que había abierto la mesa.

Estaba muerta de miedo. Me di cuenta de que a pesar de que había estudiado todo (una cantidad monstruosa de fotocopias, resúmenes y papeles varios, como leyes, fallos de la corte suprema, y artículos de la doctrina) había cosas que no sabía con exactitud, aunque en todas las preguntas que hacían yo podía contestar lo más importante.

Cuando me llamaron, me rendí a lo inevitable. Me senté, y muy tranquilamente, rendí mi examen. Y gracias al fallo Pustelnik c/ Municipalidad de Buenos Aires de la Corte Suprema, metí el golazo contra los ingleses, en el 86. No el de la mano, el otro.

Nunca hago metáforas futbolísticas, pero acá lo amerita. Fue un examen clarísimo. Me tocó un tema fácil: los caracteres del acto administrativo. Explicando la presunción de legitimidad, cité a Pustelnik, y metí el golazo. Me dijeron: puede irse, estuvo muy bien.

Y después esperé, esperé, y esperé para saber la nota... y volví a casa debiendo sólo dos materias para recibirme, y con un diez en la libreta.

16.11.06

¿Quién tiene un perro en sueños?

Elemental, Watson. Una persona que no puede tenerlo en la realidad.

Soy la orgullosa madrina de Martiniano Mollo



Es re simpático el Martiniano. Lo mejor fue que se quedó dormido y cuando el sacerdote le lanzó el agua ni se mosqueó. Es la paz de Cristo, pienso yo. Eso, o que tenía sueño.

Hace cuánto que no escribo nada... pero el derecho administrativo ciertamente me está dando trabajo. Quiero recibirme de una vez por todas, y trabajar, y no estudiar nada durante un tiempo, hasta que arranque de nuevo. Por otro lado, tengo ganas de terminar mi novela.

Hablaba con Ali el otro día y aparentemente escribir una novela no es tan fácil como cualquier hijo de vecino como yo hubiera pensado: parece que "novela" es sólo Don Quijote, y también "Tristan Shandy" de Sterne. Omití el Cervantes al lado de Don Quijote porque me había parecido obvio, pero no es obvio para todo el mundo, lamentablemente. Autores contemporáneos se desgañitan aparentemente por lograr una novela, pero sin resultados positivos. Fracasan. ¿Sería irónico que alguien como yo, que empezó a leer el Quijote y lo abandonó en el cuarto capítulo (como mucho), y que ni siquiera había oído hablar de Sterne hasta que mi suegra lo mencionó, lograra escribir una novela "denserio"? Yo supongo que sí, por supuesto. Pero no soy tan engreída. Dudo que lo haga, porque ni siquiera sé qué es lo que tendría que estar haciendo para lograrlo. Yo sólo escribo, y me guía mi propia mente caótica. Además, hay tantos narradores, y todos en primera persona... es un cocoliche. Pero mis críticos han dicho "está buenísimo" y "me encanta". No sé... cuando tu mamá y tu novio son los que lo dicen, te sentís bien y con ganas de escribir hasta que te duelan las manos, pero también te pica el bagre de conquistar otras opiniones además de las de ellos dos.

Me despido.

Vermouth con papas fritas, y good show pra todos (¡Grande Tato!)

27.10.06

"Dune Messiah"

Acabo de leer la parte dos de la "sexalogia" de Frank Herbert. Me causa envidia que este tipo haya escrito lo que haya escrito y que yo apenas ande garabateando sentidos y significados, cada muerte de obispo. Pero mi novela es "mucho muy" distinta, porque está escrita de un modo particular. Herbert es más clásico en el modo de escribir, mientras que yo hago híbridos, porque de capítulo a capítulo puedo cambiar el género, incluso, hay un capítulo que consiste en una poesía y que expresa el sentimiento de un personaje respecto de otro.
Qué bien organizado está el mundo del desgraciado... se ve que lo tiene todo articulado muy bien, y te lo va tirando de a poco, para que vos lo mastiques solito. Eso me gusta, que no subestime al lector.

La historia que narra Dune Messiah es la continuación de la primera parte, cronológicamente. Pero se nota que tal vez es un libro de transición propiamente dicho, y que está pensado en referencia al anterior y al que le sigue, pero que en sí mismo, no tiene autonomía argumental.

De todos modos, hice lo peor que pude haber hecho, que es leer el segundo libro sin haber comprado el tercero, pero ahora tengo que esperar hasta noviembre para comprarme el tercero de la saga. La falta de recursos es lamentable, cuando condiciona a la cultura.

17.10.06

me caso

ésa es la noticia, que me caso el año que viene, en algún momento.

"Dune" de Frank Herbert

Recién hace unos días terminé de leer el primer libro de la ¿"Sexalogía"? ¿Cómo se llama a una serie de seis elementos? Ay, qué burra que soy...
Lo recomiendo ampliamente, al menos el primer libro, aunque leerlo me daba mucha sed, constantemente. Lo más gracioso es que es un libro que me prestó mi hermano Santiago, quien, cuando le comenté que me había gustado, me dijo, como caído de una palmera: "Ah... ¿sos vos la que lo tenés? Pensaba que lo había perdido."(1)
Es muy interesante, tiene muy buen ritmo el suspenso, y narrativamente está muy bien, tanto los temas que toca como el modo en que se llega al desenlace.
El que lee mi crítica puede decir tranquilamente que no dije absolutamente nada... y tendría razón. Lo que sucede es que practico el sagrado arte del palabrerío vano para cuando lo necesite.
Tendría que decir más cosas, como para justificar esta nueva entrada, pero no tengo demasiado que decir, estoy estudiando mucho y también escribiendo, pero en menor grado. Con mucha suerte voy a poder terminar mi novela dentro de tres o cuatro años. Hay demasiadas obligaciones previas, y yo soy encima muy perfeccionista con lo que escribo, me gusta que las cosas estén perfectas.

(1)Es inevitable que las personas que son tan desmemoriadas con los bienes muebles los pierdan cuando media mala fe del depositario. Aunque... no sé, creo que es un mutuo y no un depósito. Pero a los mutuarios se les aplicaban las leyes que gobiernan a los depositarios, creo, así que está bien. Podría estar inventando tranquilamente el contenido de este último párrafo, porque son todas extracciones de mi memoria, la cual puede ser inexacta al respecto; después de todo, hace muchos años que rendí Contratos.

6.10.06

hay una enorme cantidad de humo en la ciudad de Vientos

Podría contarlo todo, pero después habría innumerables repercusiones familiares. Pero sí tengo que decir que hay problemas en el paraíso, y que las palabras apresuradas de la juventud se pagan caro más tarde. El señor de la rocola me detuvo el otro día, para intentar venderme una leche de 8% de tenor graso, pero yo desconfié de él, porque nadie hoy en día produce esas leches. Al lado de él, estaba la dama peluda, y ella intentó descalificar mi gusto por la ropa con volados. ¡No, no! Le grité, desaforada. Nadie tiene derecho a decirte quién debés ser. Pero del mismo modo, dama peluda, usted tampoco tiene derecho a herir a los que tiene cerca porque es una inconformista patológica. Es curioso el modo en que los seres humanos se lastiman unos a otros, a veces sin saberlo, y otras, muy conscientemente. Hay edades psicópatas en la vida en las que uno hiere a sabiendas y con gozo a los demás, sólo para saber hasta dónde se puede llegar. Pero esa etapa exploratoria ya había empezado en la infancia, cuando te metías tierra en la boca y después la escupías... porque sinceramente, tiene un gusto horrible. Primero uno explora metiéndose todo en la boca, después pasa a otros actos de exploración, y cuando las hormonas bailan hip hop, uno se vuelve un psicópata de relaciones humanas. Literalmente, prueba todo. ¿Hasta dónde puedo llegar? ¿Cuánto molesta un palo en el orto? Ah, ojalá hubiera un modo más fácil de explorar. Tendríamos que instaurar ritos de paso más drásticos, como desnudar a los hormonales en el obelisco, y pegarles con cintas de cuero, y atarlos a carros de algarrobo para que los arrastren desde ahí a su casa. Y a partir de ese momento, tendríamos que tratarlos como adultos, y dejar de soportar sus psicopatías recurrentes. ¿Viene un hormonal a hacerse el vivo? Lo frenás en seco, porque ya hizo su rito correspondiente. Y después de ese rito de paso, ¡a laburar! Nada de andar explorando, señorita peluda. Se le acabó lo que se daba, usted es adulta. Tiene cicatrices incorruptibles que así lo atestiguan.

5.10.06

un poco de abandono no les vino mal

Perdón por no haber escrito nada... aunque no sé a quién le pido perdón. ¿Qué persona anda leyendo esto que yo escribo? Locos hay en todos lados, pero realmente, conseguir un lector fiel de blogs sí que constituye una seria dificultad.

El motivo real por el cual no he escrito nada es que he sido requerida al 100% por un señor que resulta ser mi novio y "prometido", al decir del Caco. Jeje, desde que llegó de las Uropas, estuve pasando mucho tiempo con él, y teniendo "el día más feliz de mi vida", según Mollo, durante varios días (Mollo no soy yo, aunque ése sea mi apellido. Curioso, ¿no? Pero así se le dice al primo de Milton, supuestamente porque toca la guitarra de un modo parecido a Ricardo Mollo).

En otra oportunidad escribiré algo realmente trascendente e importante, o terriblemente trivial. Ya veremos en qué ánimos estoy la próxima.

Hasta luego, zoquetes.

18.9.06

¿Por qué escribo tanto sobre Benedicto?

Lo hago porque siento que tengo que hacerlo, que en cierto modo, es mi deber demostrar que la voz de la Iglesia no se reduce a la de Benedicto, aunque él sea la más ostensible.

Lamento muchísimo que entre Juan Pablo II y Benedicto hayan tantas diferencias. No está a la altura de Juan Pablo II. Pero podría estarlo, si quisiera. Y eso me entristece.

En una entrada anterior, digo que no siento que Benedicto es mi pastor. Pero lo es, aunque yo no lo apruebe, ni lo estime como lo hacía con Juan Pablo II. Sin embargo, por algo es el Papa, y está donde está. Aunque mi fe sea pequeña, y me escandalice por las cosas que dice, o hace, sé que tengo que tener confianza de que el Espíritu de Dios estuvo en su elección.

Pero leo los comentarios de los que no son católicos, y no puedo evitar notar que ellos también se escandalizan por las cosas que dice y hace Benedicto. Y recuerdo un versículo del Evangelio que dice que "es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquél que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños" (Lc 17, 1-2) Escándalo viene del griego, y quiere decir "piedra de tropiezo". ¿Tropiezo en dónde? En el camino de la fe. Y con las cosas que hace y dice, Benedicto escandaliza. A aquellos que son pequeños, es decir, a los que tienen una fe incipiente, o apenas el germen de ella, o ninguna. Lo he leído, en diarios, en blogs...

Por eso insisto tanto en el tema de la prudencia. Por eso escribo y escribo sobre Benedicto.

Los líos de Benedicto

Este mes alocado, septiembre, ha dado al mundo más de una sorpresa. Desde el desafortunado atentado a las Torres Gemelas, hasta los menos afortunados dichos de nuestro Rottweiler cosecha 1927, Benedicto XVI, muchas otras cosas importantes sucedieron en septiembre. Como por ejemplo, el nacimiento de Manuel Mujica Lainez, el 11 de Septiembre de 1910.

Sin embargo, para continuar mi tradición de hablar sobre Benedicto (a quien le escribí un mail para hacerle pedidos varios, mail que no respondió ni siquiera de modo automático, diciendo “Dios te bendiga y te dé la gracia” o algo por el estilo, muy fácil de implementar), quiero comentar sobre los sucesos que desembocaron en el gran quilombo que la prensa tanto se regodea en comentar.

Sí, quiero comentar el discurso que hizo en Alemania, en la universidad de Regensburg, el día 12 de septiembre de 2006. Antes que nada, voy a proveer el link de su discurso completo, el cual, lamentablemente, sólo tiene versiones en inglés, alemán e italiano. Éste es en inglés:

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20060912_university-regensburg_en.html

Leí sobre este tema por primera vez en el diario Le Monde, el 14 de septiembre. Luego, el sábado 16, volví a leer nuevamente sobre el tema en el diario clarín, y el día de hoy, 18 de septiembre, también lo hice. En el diario inglés “The Guardian”, y en “The New York Times”. En todos los diarios se decía que las palabras usadas por el papa habían causado indignación en el mundo musulmán. Le Monde sostuvo que el discurso de Benedicto (muy filosófico, como lo calificó) sobre la fe y la razón, “había implícitamente denunciado la relación del Islam con la violencia, y su carencia de vínculo con la razón, contrariamente, según él, al cristianismo”. (El artículo se llama “Emoi dans le monde musulman après les propos de Benoît XVI sur l’islam”, de fecha citada previamente). Al leer esto, suspiré, y negué tristemente con la cabeza. La prudencia de este hombre, pensé, se había ido de paseo cuando hizo semejante discurso.

Pero luego el sábado volví a leer en el diario clarín un artículo sobre el tema, que decía más o menos lo mismo. Lo llamativo, pensé, fue que ninguno de los dos diarios se había tomado el trabajo de citar textualmente el discurso, en ambos había una paráfrasis que viniendo de parte de medios masivos de comunicación, me resultaba por sí sospechosa. ¿Y si las palabras de Benedicto no eran tan chocantes como las pintaban ellos? ¿Y si era una difamación al pobre hombre, una interpretación que desvirtuaba y sacaba de contexto lo que él había dicho? Tenía que juzgar por mí misma: tenía que leer las palabras exactas de Benedicto. Así que emprendí una búsqueda de Google para hallarlas, pero Google me decepcionó. Encontré muchos artículos sobre el tema, pero ningún link al discurso directamente.

Casi me había rendido, luego de bucear media hora a través de las mareas de resultados irrelevantes, cuando se me ocurrió buscar en la página de la Santa Sede. Dentro de ella, tardé aproximadamente dos minutos en encontrar el discurso. Sintiéndome realmente astuta, procedí a leerlo.

Las palabras tan polémicas fueron, en su versión en inglés, las siguientes (no se preocupen, luego las traduciré al castellano): “… In the seventh conversation (*4V8,>4H - controversy) edited by Professor Khoury, the emperor touches on the theme of the holy war. The emperor must have known that surah 2, 256 reads: "There is no compulsion in religion". According to the experts, this is one of the suras of the early period, when Mohammed was still powerless and under threat. But naturally the emperor also knew the instructions, developed later and recorded in the Qur'an, concerning holy war. Without descending to details, such as the difference in treatment accorded to those who have the "Book" and the "infidels", he addresses his interlocutor with a startling brusqueness on the central question about the relationship between religion and violence in general, saying: "Show me just what Mohammed brought that was new, and there you will find things only evil and inhuman, such as his command to spread by the sword the faith he preached". The emperor, after having expressed himself so forcefully, goes on to explain in detail the reasons why spreading the faith through violence is something unreasonable. Violence is incompatible with the nature of God and the nature of the soul. "God", he says, "is not pleased by blood - and not acting reasonably (F×< 8`(T) is contrary to God's nature. Faith is born of the soul, not the body. Whoever would lead someone to faith needs the ability to speak well and to reason properly, without violence and threats... To convince a reasonable soul, one does not need a strong arm, or weapons of any kind, or any other means of threatening a person with death...". (…)”

Traducción:
“…En la séptima conversación, editada por el profesor Khoury, el emperador aborda el tema de la guerra santa. El Emperador debe haber sabido que el surah 2, 256 dice: “No hay compulsión en la religión”. De acuerdo a los expertos, éste es uno de los surahs del primer período, cuando Mahoma no tenía poder y estaba bajo amenaza. Pero naturalmente el Emperador también conocía las instrucciones desarrolladas luego y recogidas en el Corán que conciernen a la guerra santa. Sin ahondar en detalles, tales como la diferencia de tratamiento acordada a aquellos que tienen “el Libro” y los “infieles”, se dirige a su interlocutor con una brusquedad llamativa sobre la relación entre la religión y la violencia en general, diciendo: “Sólo muéstrame qué trajo Mahoma que fuera nuevo, y encontrarás allí cosas únicamente malignas e inhumanas, como su orden de propagar por medio de la espada la fe que predicaba.” El emperador, luego de haberse expresado con tanta fuerza, continua explicando en detalle las razones por las que es irrazonable propagar la fe a través de la violencia. La violencia es incompatible con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. “Dios”, dice, “no se complace en la sangre – y no actuar razonablemente es contrario a la naturaleza divina. La fe nace del alma, no del cuerpo. Quien quiera guiar a alguien hacia la fe necesita la habilidad de hablar bien y razonar con propiedad, sin violencia y amenazas… Para convencer a un alma razonable, no se necesita un brazo fuerte, ni armas de ningún tipo, ni ningún otro modo de amenazar con la muerte…”

Primero, quiero decirle a nuestro Rottweiler, que podría haber dicho lo mismo sin citar al Emperador Manuel no-se-cuánto, y segundo, si lo quería citar a toda costa, ¿por qué no dejó en claro, taxativamente y a prueba de malintencionados, que ésa no era su opinión? Especialmente cuando son palabras que pueden ofender a tantas personas.

Querido Benedicto, la prudencia es una de las virtudes cardinales, según nuestro Doctor Angélico (¿quién inventa estos apodos cuasi oficiales?) Santo Tomás de Aquino. Tal vez podrías releer la Summa para encontrar algunos consejos. Lo digo sin ánimos de ofender… nuestro mundo es tan violento y tan injusto. Mucha gente guarda en su pecho rencores que datan desde hace décadas, incluso siglos, por abusos sistemáticos de ciertos pueblos sobre otros, abusos que se hacen en nombre de ideales altruistas como la libertad, y la defensa de la democracia... Y que sólo dan como resultado miseria, injusticia, y explotación económica. En este escenario actual, es necesaria toda la prudencia que se pueda ejercitar. Especialmente para alguien que está en la posición de Vicario de Cristo.

12.9.06

Instinto Maternal

Primer comentario a "El alma del hombre..." de Oscar Wilde

"Now and then, in the course of the century, a great man of science, like Darwin; a great poet, like Keats; a fine critical spirit, like M. Renan; a supreme artist, like Flaubert, has been able to isolate himself, to keep himself out of reach of the clamorous claims of others, to stand ‘under the shelter of the wall,’ as Plato puts it, and so to realise the perfection of what was in him, to his own incomparable gain, and to the incomparable and lasting gain of the whole world. These, however, are exceptions. The majority of people spoil their lives by an unhealthy and exaggerated altruism—are forced, indeed, so to spoil them. They find themselves surrounded by hideous poverty, by hideous ugliness, by hideous starvation. It is inevitable that they should be strongly moved by all this. The emotions of man are stirred more quickly than man’s intelligence; and, as I pointed out some time ago in an article on the function of criticism, it is much more easy to have sympathy with suffering than it is to have sympathy with thought. Accordingly, with admirable, though misdirected intentions, they very seriously and very sentimentally set themselves to the task of remedying the evils that they see. But their remedies do not cure the disease: they merely prolong it. Indeed, their remedies are part of the disease.
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They try to solve the problem of poverty, for instance, by keeping the poor alive; or, in the case of a very advanced school, by amusing the poor.

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But this is not a solution: it is an aggravation of the difficulty. The proper aim is to try and reconstruct society on such a basis that poverty will be impossible." [1]


“Cada tanto, en el transcurso del siglo, un gran hombre de ciencia, como Darwin; un gran poeta, como Keats; un excelente espíritu crítico, como M. Renan; un artista supremo, como Flaubert, ha sido capaz de aislarse, de mantenerse fuera de alcance de los clamorosos reclamos de los otros, de pararse “bajo el refugio de la pared”, en palabras de Platón, y así, de darse cuenta de la perfección que hay en él, para su propio e incomparable provecho, y para el incomparable y perdurable provecho de todo el mundo. Sin embargo, éstas son excepciones. La mayoría de la gente echa su vida a perder por un insalubre y exagerado altruismo ―está forzada, en efecto, a echarla a perder de ese modo. Se encuentra rodeada por una pobreza, fealdad y hambre terribles. Es inevitable que se sientan fuertemente conmovidos por todo esto. Las emociones del hombre responden más fácilmente que la inteligencia ante los estímulos; y, tal como lo señalé hace un tiempo en una editorial sobre la función de la crítica, es mucho más fácil mostrar simpatía hacia el sufrimiento que hacia el pensamiento. De modo acorde, con intenciones admirables, aunque mal dirigidas, muy seria y sentimentalmente se proponen la tarea de curar los males que ven. Pero sus remedios no curan la enfermedad: meramente la prolongan. Y en efecto, sus remedios son parte de la enfermedad.
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Tratan de resolver el problema de la pobreza, por ejemplo, manteniendo a los pobres con vida; o en el caso de una escuela muy avanzada, divirtiéndolos.
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Pero esto no es una solución: es un empeoramiento de la dificultad. El correcto objetivo es intentar reconstruir la sociedad sobre tales bases que la pobreza resulte imposible.”[2]


Estoy totalmente de acuerdo con la última oración del texto que seleccioné. Hay que intentar reconstruir la sociedad, y me atrevo a decir que las bases sobre las que hay que hacerlo se reducen a una: la justicia. Que haya pobres y hambrientos es totalmente contrario a la justicia. Que haya naciones ricas y naciones pobres, también. Que la belleza sea un bien reservado para unos pocos, es igualmente injusto. Sólo por medio de la justicia puede la sociedad encontrar la paz. Porque no hay paz sin justicia. El Evangelio nos enseña eso.
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Otra cosa que me llama la atención de este texto es que entre los males que padece el hombre, Wilde haya incluido a la fealdad. Ciertamente, la belleza es un don, un bien. Privar a un hombre de belleza es negarle algo que lo puede elevar por sobre las mezquindades de este mundo, y ayudarlo así a contemplar atisbos de lo realmente sagrado, que es Dios.
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Y también juzgo cierto el hecho de que se divierte a los pobres para remediar los males que padecen. Se los divierte con programas de televisión, así como en tiempos antiguos, se los divertía con el circo. El hombre no ha cambiado en nada. Estos divertimentos están diseñados para atontar al hombre y hacerle olvidar que por justicia, su sitio está en la mesa, y no en el suelo recogiendo las migajas que de tanto en tanto los ricos dejan caer.
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Se puede argumentar que hay que fomentar la cultura del trabajo, para que los pobres dejen de ser pobres. Pero creo que la historia ha demostrado más que suficientemente que el liberalismo económico es una herramienta que sirve para que los que poseen el capital sigan poseyéndolo. Dudo mucho que fomentando la cultura del trabajo se logre la igualdad social. ¿Por qué? Porque no importa cuánto trabaje un hombre y cuánto sude su frente, si se desempeña en ciertos empleos, ganará menos que aquél que está instruido. ¿Quién lo determina a esto? El que posee el capital. ¿Por qué lo hace? Para perpetuar su clase. Porque si paga bien a los instruidos, no tendrá problemas en seguir poseyendo el capital. Tiene gente capacitada que hace bien el trabajo por él, y lo ayuda a mantener sus riquezas.
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El hombre instruido está feliz de ganar más, porque puede acceder a los bienes que tanto anhela. Pero se olvida (porque en esto, los instruidos somos convenientemente egoístas), de que sólo es instruido porque tuvo la fortuna de nacer en una familia que le pudo pagar los estudios. Y cree que por todos los años que estudió, tiene derecho a poseer más y mejores cosas que los que no lo hicieron.
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Pero Dios no hace acepción de personas. Su justicia es mejor que la nuestra, y esencialmente distinta, porque la excede. Yo creo que tendríamos que emularla, y recompensar el esfuerzo, independientemente del tipo de tarea que se realice. A igual esfuerzo, igual paga. Olvidémonos de "a igual tarea..." En la parábola de los trabajadores de la última hora, queda demostrado que su justicia no mide con la misma vara a todos: a los que trabajaron todo el día en la viña, desde la mañana, les daba el mismo pago que a los trabajadores que llegaron en la última hora. Su criterio para recompensar ciertamente no es objetivo, no se basa en un objeto existente en la realidad, como lo sería la naturaleza de la tarea realizada. Es subjetivo: mide al hombre que trabaja. Y el esfuerzo es intrínseco a ese hombre.
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El haber tenido acceso a una educación, o al capital, es completamente circunstancial. No define a un hombre. Lo que lo define es el uso que hace de ellos, cuánto esfuerzo pone de sí en sacar provecho de esa circunstancia. Y ese esfuerzo es cuantitativa y cualitativamente igual al esfuerzo que una persona pobre puede hacer cuando lleva a cabo su trabajo “no calificado”, como se lo llama hoy.
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También es cierto que hay pobres que no se esfuerzan, al igual que existen privilegiados que tampoco lo hacen. Sin embargo, es un atenuante para los pobres el hecho de que la recompensa que reciben es magra, y que probablemente muchos piensan que no vale la pena esforzarse por algo que difícilmente logren, que es alcanzar un estatus similar al de los instruidos. Ni menciono al de los ricos, porque ese estatus realmente está fuera del alcance de los pobres.
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El que tiene que arbitrar los medios para que la justicia se haga presente en nuestra sociedad es el Estado. Es el único que puede llevar a cabo una reforma económica y social de tal envergadura. Pero dada la calidad corrupta de nuestros legisladores y diputados y presidente, lo que planteo es una utopía. Los pobres no pueden financiar ninguna campaña política, ni pueden untar los bolsillos de nadie para que defienda sus intereses. Seguirán siendo pobres, seguirán estando hambrientos, y seguirán viviendo inmersos en la fealdad. Como fue siempre. Porque no hay nada nuevo bajo el sol.

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[1] Este texto fue obtenido de "The Project Gutenberg EBook of The Soul of Man, by Oscar Wilde".
[2] La traducción del texto es mía. Son libres de usarla, pero si obtienen una ganacia de ella... van a tener que pagarme por su uso.