26.2.07

El agua caliente es una bendición

Qué desagradecidos son los seres humanos! Cuando tienen algo tan básico como agua caliente, lo dejan de lado. Yo vengo bañándome con agua fría o con palangana y jarrito desde hace ya tantos días que no recuerdo cuándo empezó el suplicio... y quiero decir que cuando vuelva a tener agua caliente, voy a festejar ese momento tan feliz con algo especial.

Curioso pregunta: ¿Con qué especial?

Yo le respondo a Curioso: No te incumbe, chabón. Comprate una vida propia, y si no, un TAMAGOCHI.

Reunión

Hoy fui a una reunión previa a mi último examen final de derecho internacional privado. mientras estaba ahí, pensaba: realmente es la última materia. la última.

el hecho de que se trate del último final trae aparejada una especie de gran responsabilidad y cagazo que ya me está atacando a gran escala. creo que voy a tener que aprender a no dejarme afectar por este cagazo, porque no voy a lograr nada.

mi profesor es realmente un tipo gracioso. lo que más me sorprendió fue que de todos los alumnos que estábamos ahí en su escribanía cagándonos de calor, los únicos que habíamos sido alumnos de él éramos dos personas, nada más.

No me sentí tan mal por haber cursado la materia hace quinientos mil años (qué exagerada, apenas pasaron 4, pero parecen más) porque había otros fósiles del pleistoceno haciendo preguntas también.

Espero que cuando me hagan las preguntas, yo esté en una situación mental de razonabilidad que me impida balbucear y onomatopeyear todo el tiempo. Los nervios del anterior examen me mataron. Y no era el último!

No quiero pensar cómo va a ser la cosa cuando me reciba. No quiero ser una torta humana en descomposición, pero es inevitable el baño de harina, huevo, y otros pormenores tales como ketchup. Yo soy re alérgica en la piel. Espero no brotarme. Así que por las dudas, voy a cursar avisos de mi alergia. Nada aceitoso, por favor. Pueden tirarme crema de enjuague, jabón cremoso, agua helada, jugo de manzana, pero nada ácido como jugo de naranja o coca cola. No sé si mi piel lo toleraría. Y espero que los huevos no estén podridos!

Ya subiré algunas fotos del ritual de "recibimiento" de la facultad. Si es que no me dan mucha vergüenza.

Alatriste

Acabo de ver la película Alatriste, basada en las novelas gráficas de Perez Reverte, o Reverta, según mi novio. Hasta que no lo vio en pantalla, dudó de mi memoria.

No tiene goyete. Calificación: regular. La novela gráfica puede ser excelente, y eso es lo que se dice, aunque yo no lo sabría porque no la leí. Pero la película en sí, es NOU GOYET. Los acontecimientos se suceden inexplicablemente. No se entiende por qué suceden las cosas. Han debido resumir, pero demasiado.

Saludos. Ya nos veremos

20.2.07

Una gran frase

Ha sido acuñada por mi sobrino, Tomás Mozo (porque no le sale decir "Mollo"), y es la siguiente:

"Pero, pero, pero, pero, pero, pero, pero ¡no quería!"

La frase, aunque corta, resume cabalmente la insatisfacción radical del hombre respecto de la realidad.

LA pregunta

¿Alguien conoce la receta de un espíritu tranquilo?

18.2.07

Conchudo mes de febrero

Y conchuda su comparsa! No se pueden creer las mersadas a las que nos someten! Cantantes que no saben cantar, y por ende son contradicciones o inexistencias; tamborcitos de metal y tarados que supuestamente bailan (pero andate a la mierda, o a Brasil a ver si ahí te enseñan a pegarle a un tamborcito con más onda); y gente sacada de sólo Dios sabe dónde, que disfruta esa horrenda y mal acabada farsa, imitación o intento fallido de espectáculo.

Qué conchudos. Se me hace muy difícil estudiar en esas condiciones. Por eso cuando pueda, me voy a comprar una ametralladora o un lanzallamas, ya que si ellos pueden volverme loca, deberían atenerse a las consecuencias.

Lo único que me consuela es saber que casi monja padece el martirio tal vez más que yo, y también, que la semana pasada y ésta, llovió el viernes, y por eso, nos libramos de la persencia de los comparseros.

Sí, me alegro de la desgracia de casi monja, pero ella se lo busca todo el tiempo, con sus gritos de "¿qué están haciendo con el agua?" cuando lo único que hacemos es regar, o "los ruidos molestos son molestos a cualquier hora". La muy DONGUI, persona de mente pequeña, subdesarrollada, y carente de tolerancia, y también DONGUI, y por qué no DONGUI.

NOTA BINE: (y no es una nota a bini, jorge sebastián) Dongui es una palabra que inventé yo, que básicamente suma todo lo malo que se le puede decir a una persona, y también otras cosas.

16.2.07

digo yo... ¿nunca termina?

sigo estudiando, sigo, sí. cada vez siento que estudio más, y más, pero mi objetivo es fuerte. Fortachón sentido de propósito, un autoconocimiento de destino y qué manera de decir boludeces. Es que no pretendo ser coherente.

¡se nos rompió el calefón! como consecuencia, empecé a experimentar la vida telúrica y atecnológica de hace unos 50 años o más, o menos, en el campo, o zonas sin cañerías con agua caliente. Esto quiere decir que para bañarme, tengo que llenar la bañadera con agua que caliento en ollas, pavas, y pava eléctrica, unas 4 o 6 veces, y luego a eso le agrego agua fría para no desollarme la piel con el agua hirviendo, claro.

no se puede creer cuánto se paga un calefón. Caro, carísimo. ya no basta un préstamo, no señior, hace falta financiamiento con tarjetas de crédito y tal vez conseguir uno de esos descuentos exclusivos para conseguirse un calefón.

antes de eso, ya nos había abandonado la cinta que levanta la persiana del living. la muy desfachatada decidió partirse en dos, sin pedir permiso ni fijarse siquiera si estaba facultada para ello. Así que nos buscamos otra cinta más responsable que accedió a no romperse durante unos seis años. Claro que esta segunda cinta también está protegida por el sindicato. Establecieron unos convenios colectivos que les hacen muy fácil el trabajo de sostener la persiana, de modo que si de hecho se rompiera antes de los seis años, las excepciones que el convenio establece la eximen de responsabilidad. quién fuera dictador y pudiera forzarlas a cumplir con la propia voluntad, y así, lograr que jamás se rompieran...

y otra rata ha abandonado el barco, también. no es otro que el cañito flexible del duchador. esa especie de manguera recubierta con un metal que conduce el agua hasta el coladorcito del duchador que nos provee de esa maravillosa lluvia mientras nos duchamos. Bueno, se ve que el muy desgraciado se enteró de la claudicación del termotanque y la de la cinta de la persiana. Y se plegó al ánimo de aniquilación que los imbuyó a estos últimos.

yo ya no sé de quién o de qué disfrazarme para ir a los mitines de los objetos de mis casa. intenté hacer de perchero, pero mi excesiva mobilidad los espabiló de mi verdadera condición. así que sólo me queda cruzar los dedos y esperar que los restantes objetos que aun están enteros, se compadezcan de nosotros, y no se aniquilen.

1.2.07

saque mate

Vienen a decirme cosas, cositas, cosotas, sobre el malversado dinerillín, y yo... ¿qué les contesto? Que nada, que nadita, que nadadadón, que estamos exagerando, me parece, digo, qué sé yo, sé muy pocas cosirijillas, pocas cosas, cositas. Y del dinero no me place hablar, señora, señorona aseñorada.

30.1.07

La estricta equivalencia.

Anciano. --Venga, venga. Cómase su sombrero antes de entrar. Es muy apetitoso, muy rico. Tengo por aquíe spuma, cadáver y sal. Va a ver qué bien se complementa con el calamar que está degollando para la cena. Pase por aquí, venga, venga. Esta es mi casa, pero nada en ella parece ser mío, por eso lo llamé. Quiero que observe mis cosas, mis objetos, y que me diga en cuáles la etiqueta dice "debe". Porque eso quiere decir que aun debo.

Joven. --¿Qué debe?

Anciano. --Venga, venga. Observe. Este es el cuarto lleno de cosas. Así se cuentan y recuentan los objetos, sólo que yo no puedo hacerlo, sino que debe hacerlo un Imparcial. Es estrictamente necesario que dejemos de lado toda referencia a la palabra caridad, y nos centremos en la de justicia.

Joven. --¿Cómo? ¿Qué dice?

Anciano. --¿No sabe qué es la justicia? Por favor... uno que no sabe. La justicia, señor, es la estricta equivalencia de las prestaciones. Yo doy, y usted da. Eso de que lo esencial es invisible a los ojos es una linda fábula que se inventó para los crédulos, los inocentes, y los ingenuos. Pase, por favor, a corroborar las cosas que debo. Haga el inventario. Pase con su libreta y anote. La justicia lo demanda. ¿Quiere un té? Me olvidaba. Como usted es auxiliar de la justicia, tal vez no debería hacerle esta aclaración, pero se la hago de todos modos. Si yo lo invito a un té, le estoy dando una cosa. Así que usted, en justicia, deberá invitarme a uno también. No es necesario que lo haga ahora, ni hoy. Pero por favor, no deje pasar mucho tiempo. Odiaría que se devenguen los intereses.

Joven. --No, gracias.

Anciano. --¿Seguro que no quiere un té?

Joven. --No. Gracias. Yo sólo tomo té con mis amigos.

Anciano. --Amistad... ¿qué es eso? Yo le pedí un inventario. Saque esa noción de mi casa. Aquí sólo entra el concepto de justicia. Y si me pregunta, la justicia es 1+1=2. Yo doy uno, usted da uno, y así se hace el dos. Hoy por ti, y hoy por mí, o corre el interés, claro. Pero pase.

Joven. --Me parece que no quiero entrar. Usted a mí no me entiende, sólo entiende a los que son como usted.

Anciano. --¿Me pide que lo entienda? ¿Entenderlo, yo? Considero que es sumamente inapropiado que me pida eso. En estricta justicia yo no debo comprenderlo. Sólo debo retribuirle las cosas que me dio. Y por el momento, en realidad, usted es el que me está debiendo el inventario de mis cosas.

Joven. --¿Pero para qué quiere un inventario?

Anciano. --Es vital. Tengo que determinar las cosas que aun debo a otros.

Joven. --¿Cosas que debe? ¿A quién? Si no tiene deudas.

Anciano. --Es obvio, jovencito, que no me ha escuchado nada de lo que le vengo diciendo. En justicia, debo muchas cosas. Se me regalaron muchas cosas, me han dado muchos objetios, y debo retribuirlos equivalentemente, por justicia.

Joven. --¿Quién le dio esas cosas?

Anciano. --Eso no importa.

Joven. --¿Pero no pensó que tal vez alguna de las cosas se las dieron por amor, sin pedir nada a cambio?

Anciano. --Usted, jovencito, vive en un mundo de papelitos de colores y origami. ¿Amor? Yo sé que el amor es justo. Si alguien me ama, me da cosas. Y yo le debo otras cosas. Como ve, todo se resume en la justicia. Pero en definitiva... ¿no piensa entrar a hacer el inventario? ¿Ya se comió su sombrero?

Joven. --Está muy equivocado. Al amor no le interesa eso que usted llama justicia.

Anciano. --No me haga reir. Lo que pasa es que usted es muy jovencito y no sabe nada del mundo.

Joven. --No... ya veo que no sé. Ya veo que lo único que le interesa a usted son las cosas. Usted nunca recibió ni dio amor. No sabe lo que es el amor. Pero está bien. ¿Quiere cosas? Tome, tome cosas. Este abanico, tome. Es palpable, es una cosa. Y acá tiene una plancha. Le va a servir mucho, le va a quitar las arrugas de la ropa.

Anciano. --Pero, joven, por favor, muchísimas gracias. Que gran amabilidad la suya, me está dando objetos, cosas de contenido económico. Tenga, tengo que retribuirle.

Joven. --¡Enfermo de mierda! Me das lástima, ¿no te das cuenta? Vivís tu vida según la tiranía de los objetos y del dinero. ¿No te das cuenta de que hay otras formas mucho mejores de dar tu amor?

Anciano. --Pero, jovencito, la única y verdadera manera de dar amor es dar cosas útiles, objetos que tienen un contenido económico, y que sirven. Así como sus padres le dieron ropa, educación, y cosas porque lo aman, usted deberá retribuir ese amor del mismo modo, con cosas. Es justo.

Joven. -- ¡Justicia! Su justicia me enferma. Ojalá nunca sea una persona justa del modo en que usted lo es. Ese día me habré convertido en un mercenario vil. Un amarrete que piensa que amar es dar dinero, y que desmerece a toda otra cosa que no sea dinero. Me da vergüenza haber hablado con usted.

Anciano. --Ahora, joven, me parece sumamente inapropiado que con su inexperiencia juzgue mi amplio conocimiento de los modos del mundo. Eso que usted dice no existe. Todo el que da algo, espera algo a cambio. La justicia así lo pide. Y el amor no puede existir sin justicia, ¿sabe?

Joven. --Su amor tal vez no pueda. ¿Sabe una cosa? Si la única justicia que existe hubiese sido la suya, ¿por qué piensa que Dios retribuye del mismo modo a los que trabajan una hora en su viña, que a los que trabajaron todo el día?

Anciano. --Esos son idealismos. Yo no soy Dios. Y dudo que así lo haga. Debe haber escalones de cercanía en el cielo. Los que dieron más cosas, estarán más cerca de Él.

Joven. --No, está usted muy equivocado. Los que estén más cerca, serán los que hayan dado sin pedir nada a cambio. Sin la justicia que usted define como estricta equivalencia de prestaciones. Por suerte, hay unos pocos en el mundo que no piensan como usted. Gracias a esos pocos, el mundo no se ha ido a la mierda. ¿Y sabe qué? Yo no degollo calamares, ni me como sombreros. Eso lo hacen los que son como usted.

28.1.07

entre tiempos

espero tener fotos del evento (mi próximo cumpleaños, el 31 de enero) como para poder cargarlas. a veces me siento vieja, y después, al minuto siguiente, tan inapropiada para este mundo...

hoy tuve momentos de belleza extraordinaria. Fui a misa, tomé la comunión, y en un único momento me sentí cerca de Dios. Es cuando decimos "yo no soy digna de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme".

Triste que haya sido en ese único momento. Pensé que tenía que escribirle a benedicto xvi mis opiniones sobre la misa, pero por otra parte, me imaginé qué sería que harían con los mails que debe recibir... y me imaginé la marea atroz de mails que debe tener ese hombre, y me di cuenta de que no los lee benedicto sino algún otro, si es que alguien los lee.

a mí me gustaría hacer algo. suena ridículo, pero me gustaría hacer algo por la iglesia católica. La veo tan perdida en los ritualismos pedorros... ¿por qué la cena del señor es tan acartonada? ¿Por qué para celebrar que Jesús dio la vida por mí y por todos nosotros, tengo que estar sentada en silencio sin saber nada de la persona que tengo en frente, o cerca de mí? ¿Por qué no se puede hablar en la cena del señor con las personas que tenes al lado, y que ellos sean el vaso que nos trae la gracia de Dios? ¿Por qué no podemos hablar, sentados en círculos, sobre la Palabra de Dios? ¿Por qué tenemos que escuchar al sacerdote que nos habla cansado, agobiado, triste de repetir y repetir lo mismo, que nos pasa un sermón? ¿Por qué nosotros no podemos enseñarle también al sacerdote? Si lo que importa es el amor, y no la ciencia. Muchas veces, piensoq ue el sacerdote vive otro tipo de realidad. ¿Qué sabe él de vivir en este mundo? ¿QUé sabe él de tener un trabajo en el que tu jefe es un hijo de puta? ¿conoce la desesperación? ¿sabe realmente lo difícil que es amar a otra persona, y compartirlo TODO con ella? ¿Cómo me va a consolar? Por gracia divina, va a tener respuestas. Ok, sé que por gracia divina, el sacerdote, aunque su vida sea totalmente distinta a la mía, va a poder darme buen consejo.

Pero es re difícil poder hablar con un sacerdote. Están re ocupados, porque SON POCOS. Entonces, tienen la agenda abultadísima. Yo me pregunto si no sería mejor que nos preguntemos qué clase de iglesia tenemos, y por qué consentimos que siga siendo así.

Hay muchas preguntas que me surgen, cada vez que voy a misa. Nadie las responde nunca.

19.1.07

sobre héroes y tumbas, de ernesto sábado

Estoy leyéndolo por primera vez, y realmente tiene pasajes que me han dado vuelta la cabeza. Hay registradas, en ese libro, maneras de ser típicas de los argentinos. Cuando lo leo, veo cómo ha desmenuzado este mundo, y cómo, presa de la desilusión por él, han seguido viviendo los narradores de la primera y la última parte del libro. Bien podría ser yo, cualquiera de ambos.

Me vino bien leer ese libro, me ayudó a darme cuenta de muchas cosas. Primero, que no soy la única que ve que este mundo es una mierda, el que de algún modo místico que no se explica racionalmente, sigue existiendo en vez de precipitarse hacia la nada. Segundo, que a pesar de ser una mierda, este mundo logra brindarnos momentos no sólo felices sino también, sublimes, aunque duren menos que un suspiro. Cómo coexiste la mierda con lo sublime es un misterio también, el más grande de todos, mucho mayor que el de por qué no se precipita hacia la nada.

El libro tiene la melancolía que yo he estado viviendo desde hace un año o dos, por lo que además de hacerme ver lo que acabo de decir, me hizo ver también que lo que se hace en esos casos es seguir existiendo y seguir haciendo lo que hacen todos, que es trabajar y ganarse el pan, tal vez para nada, pero mucho más probablemente para algún fin que apenas se vislumbra en el aquí y ahora, que es el cumplimiento de la propia vocación. Vocación que toma múltiples facetas, según la persona en que recaiga.

Los personajes sufren, y sin embargo siguien viviendo. Pero para hacerlo, todos pasan por alguna crisis mayor, algo que los termina destruyéndolos un poco, aunque al fin acaba por fortalecerlos y así les permite resistir la mierda de esta vida.

Fue realmente providencial para mí leer ese libro, porque nadie parece hablar de la mierda que es la vida, y del dolor que el mismo vivir les causa a los más débiles o los más sensibles. Los que hablan por lo general son los fuertes, los que sobreviven aplastando o explotando a los que tienen a su alrededor. Son los que dicen: "así es la vida, m'ijito. Hay que laburar". Y laburar para ellos es hacer lo que sea necesario para ganarse el pan, el auto, la heladera, el microondas, la computadora, el equipo de DVD y el sistema de sonido surround, y la casa o el departamento TOP. Y no nos olvidemos de la ropa de marca, que en un atuendo completo (zapatos, cartera, ropa interior, y vestimenta) alimenta a una familia pobre por un mes.

Siempre hay gente ridículamente optimista que canta cosas como "what a wonderful world", que traducido dice: qué mundo maravilloso. Pero yo necesitaba hacer el camino inverso, y no ese optimismo que a primera vista parece tan pueril: quería que alguien me explique cómo desde el pesimismo total se puede llegar a ese optimismo, por medio de qué milagro se lograba, a pesar de la desilusión y la melancolía y el cinismo. Porque un cínico alguna vez fue optimista o inocente. Sin embargo, es fácil creer en los ideales cuando nada los ha puesto a prueba. Es fácil ser optimista cuando se es inocente respecto de los demás hombres. Es realmente excepcional la persona que habiendo vivido en este mundo, y habiendo tenido que soportar la mierda de los otros sin poder hacer nada, sigue siendo optimista. También es excepcional el hombre que recupera su optimismo después de haberlo perdido.

De algún modo, gracias a haber leído este libro, comencé a recuperar las ganas de seguir. Sé que la gente sólo cambia cuando algo límite irrumpe en su vida, cuando una crisis se la da vuelta sin contemplaciones. Sé que no puedo cambiar yo a nadie, por lo tanto. Y sé que no se puede cambiar el mundo, porque cambiar el mundo es cambiar a las personas que viven en él.

Yo ya no quiero cambiar el mundo. Aprendí a los golpes que no se puede, que la gente es un sorete, y que yo misma, muchas veces, y para mi propia vergüenza, soy un sorete también. Pero aunque no cambie el mundo, puedo vivir mi vida como yo quiera. Puedo hacer algo de mí, de mis talentos, puedo sentirme completa a pesar de la mierda de este mundo. Puedo escribir.

Puedo escribir y ser yo misma, y hacer en mi escritura lo que se me cante el soberano ojete, porque nadie me basurea, ni me mandonea, ni me explota cuando escribo. Y sí que se toma revancha quien escribe. Se toma revancha del hijo de puta, del sádico, del amarrete, del cruel, del indiferente. Porque escribiendo, puede denunciarlo con nombre y apellido, aunque los cambie a los nombres reales por otros inventados.

Algunas veces escribo, y otras describo quién soy

¿Nunca sentiste cómo de golpe sos otra persona, y que no sabés cómo ni cuándo pasó?

Yo no sé quién soy a estas alturas, pero tampoco debería pretender saberlo, me parece. Vivir es complicado de por sí, y soy prisionera de mis propias costumbres.

13.1.07

Mi año nuevo, mis resoluciones, y otras observaciones más

Mi año nuevo no fue óptimo. Tal vez, sí la noche de año nuevo en sí, pero el resto... quisiera ser justa sin juzgar. Quisiera poder hablar sin criticar sin fundamentos. Lo que puedo decir, escuetamente y en toda justicia, es que estar con mis viejos me pone muy nerviosa, tal vez por las diferencias de carácter y temperamento que hay entre ellos y yo.

Y hubo algunos eventos que me sacaron de quicio. Presa de la ansiedad, comí de más en los 10 días que pasé allá. Y engordé varios kilos, no obscenamente, pero sí al punto de que los pantalones que usaba hace un mes ya no me entran. Así que regresé y me puse a hacer dieta.

Sin embargo, obligada a reflexionar por mi propia naturaleza, que necesita saber el motivo u origen de todo, me pregunté por qué había tenido que comer de más, y descubrí que siempre es así en mí, que cada vez que un evento me supera, tengo que encontrar comida, y la como, y la como, no porque tenga hambre, sino porque tengo que llenar un vacío, una nada que llevo dentro. No disfruto lo que estoy comiendo, en el fiondo, porque sé que hago mal, sé que voy a engordar o que ya engordé y que no debería estar comiendo, pero es más fuerte ese vacío que cualquier razonamiento que pueda hacer. Tal vez la comida sea una adicción para mí, del mismo modo que para algunos lo es el cigarrillo. Y esta proposición, que escribí sazonada por el modo hipotético, en realidad es cierta.

Sin embargo, mi voluntad no me abandona para siempre, y cuando llego al punto que considero límite (dícese, engordar seis o cinco kilos) hago dieta.

Recuperar mi antiguao peso va a ser largo y penoso, y , ahora lo veo, no voy a poder hacer ninguna excepción, ni siquiera en el día de mi cumpleaños, porque cada vez que me salgo de la dieta, indefectiblemente tengo una recaida, y después vuelvo a comer de más. Como le pasa al adicto a alcohol, que no puede beber ni un sorbo una vez recuperado.

Y sin embargo, en muy pocos lados se habla de la adicción a la comida, y es tan común... tal vez porque los únicos resultados sean personas gordas. En canal 13 hay un programa que se llama Cuestión de peso y ahí van personas que tienen la enfermedad, la misma que yo, pero en un estado gravísimo o grave. Gente que pesa 150 kilos y debería pesar 65, o 70. Me dan mucha pena, porque tienen la misma enfermedad que yo, pero su punto límite no fueron 5 kilos. Tal vez, a mí me salva mi fuerza de voluntad. Pero me ha fallado tan seguido, que me siento defraudada por ella. Espero que esta vez me acompañe, y que no vuelva a tener esas ansias y ansiedades.

¿Por qué escribo esto? Tal vez, porque pretendo que otros me digan que no estoy tan rayada, que no estoy sola, que hay miles como yo, que lo ocultan tras ejercicios o dietas y sonrisas perfectas de odontólogo. Quiero que me entiendan. Pero también, escribo esto porque quiero descifrar el misterio que soy para mí misma. ¿Quién soy yo? Vivo conmigo desde que nací y sin embargo, muchas veces me sorprendo. No me comprendo del todo, y tal vez no lo haga nunca.

Nada queda oculto. Estas cosas que yo hoy voy tapiando, algún día van a quedar a la luz, a vista de Dios, es más, qué digo algún día, ya mismo lo están. Yo soy esto que digo de mí, lo admito. Porque sé que admitir que se tiene un problema es el primer paso necesario para solucionarlo o intentar hacerlo.

Yo no creo que por maldad uno se niegue a sí mismo este tipo de cosas. Creo que es por debilidad. No es fácil plegarse, ser sujeto y objeto de observación crítica al mismo tiempo. No es fácil mirarse al espejo, porque nuestro modo de vivir, entre cosas materiales y ruidos y divertimentos, ensucian al espejo. Nos hacen olvidar que está ahí.

26.12.06

Navidad

Fue linda. Espero que lo mismo pase con Año Nuevo.

9.12.06

el nombre de mi blog

Se llama "el lapiz y papel de atreyu" por una razón, no porque estoy loca. Por un lado, yo era chiquita cuando salió "la historia sin fin" en el cine. Por eso "Atreyu" se me quedó grabado. Por otro, suena parecido a mi nombre, "Andrea", y por último, porque mi cuñado me empezó a decir así en joda, y ahora todos me dicen así. Mirá qué cosa.

Lo que hay en mi cabeza

Estaba estudiando cuando decidí tomarme un pequeño descanso.

Escribir acá me relaja, me hace dejar de preocuparme por otras cosas que no sean las palabras mismas, porque no hay nada más allá de este cuadro, sino que lo único que existe es lo que quiero decir y las palabras más adecuadas para hacerlo.

Me hace acordar a cuando escribía mi diario. Guardé únicamente el último, porque realmente me daba vergüenza haber sido tan adolescentemente estúpida.

Pero escribir acá es diferente, porque cualquiera que sepa la página, puede simplemente abrirla con un navegador, y leer lo que escribí hace dos minutos atrás. Tampoco creo que suceda nada de eso. Sé que cada tanto, alguien lee lo que escribo, pero la gente que más me importa que lo haga, no lo hace, en una de las tantas aplicaciones de la ley de Murphy. Que son tantas, que ya no vale la pena explicitarlas.

Yo tengo un grave problema de comunicación con mi familia. Los quiero y me quieren. Pero no saben (y creo que nunca supieron) verme tal cual soy. Eso es también mi culpa, porque cansada de no ser vista, comencé a interpretar un papel frente a ellos. El de la hija convencional.

Han tenido más de una oportunidad para darse cuenta de que no lo soy, o más bien, de que no es eso lo que más me hace feliz. Porque no hubiera podido interpretar tantos años ese rol  si algo en mí no fuera como el papel lo requiere.

Uno tiene que encontrar algo del papel en sí mismo para poder interpretarlo. Aunque sea un pequeñísimo aspecto de uno mismo.

Son los condicionamientos externos, los de tu familia, los que te imprimen la necesidad de ser de una manera determinada o de otra. Si toda tu vida te dicen que sos responsable, desde chiquito, vas a interpretar ese papel. Tanto, que terminarás creyéndotelo. Y si no lo eras, quedás atrapado de todas formas en el papel, después de años y años de interpretarlo.

Mi madre, por ejemplo. Ella ve en mí lo que tiene ganas de ver. Es la persona más ingenua del mundo, descontando tal vez a Santa Teresita del Niño Jesús, y a la población infantil. Leyó lo que había empezado a escribir, y dijo que era como si hubiera condensado toda la sabiduría del mundo y la hubiese puesto en mi novela. Esas fueron sus palabras. Exactamente. Toda la sabiduría del mundo. Me gustó mucho saber que ella había disfrutado lo que escribí, pero tuve que dejar de lado su crítica. No me pareció seria.

Mamá, yo te quiero, pero cuántas veces te desprecié por ser como sos. Porque no me supiste preparar para la mierda de este mundo. Yo nunca fui tan ingenua, pero tampoco estaba preparada para los porrazos que el mundo distribuye tan gratuitamente. Lo más difícil que había tenido que superar antes de venirme a vivir sola fueron situaciones como la muerte de mi abuela, a los 6 años, más o menos, o un ataque de ira de mi papá cuando osé decirle que era un boludo por X cosa que ya no recuerdo, y él golpeó la puerta de mi cuarto con tanta fuerza que tuve miedo de que me pegara a mí. Después de eso, tuve miedo siempre de decirle lo que pensaba a mi papá. Porque decir la verdad equivalía a ser rechazada.

Mi papá es una persona violenta. Nunca me puso un dedo encima, pero su violencia es moral. Puede decirte sin ningún remordimiento que no servís para nada. ¿Sus hijos han sido siempre una desilusión? No sabría decirlo; pero lo que sí sé es que a mí el miedo me llevó a vivir de modo "perfecto" para evitar otro golpe en la puerta. 

Yo no los odio, a ninguno de los dos. Empecé a ver sus errores desde hace tiempo ya. Pero nunca me di la libertad de decirles exactamente lo que pensaba. Sin embargo, esto también es cobarde, porque no se los digo a la cara. Ojalá algún día tenga el coraje suficiente como para poder sacarme la máscara. Poder decirles que ellos no han sido perfectos, que me lastimaron al criarme, porque no supieron verme a mí, y siempre vieron lo que querían ver de mí. Y que lo mismo le hicieron a mis hermanos. Con su plan de "eso se discute puertas adentro", nunca hablamos sinceramente. Las "discusiones" en mi casa siempre fueron verticalistas: por el principio de autoridad nos pasaban desde arriba la sacrosanta verdad, la experiencia y lo correcto, y nosotros, las criaturas inferiores en sabiduría, recibíamos la iluminación.

Que tengamos nuestra opinión es malo, si no concuerda con la de ellos. Mi mamá no es así, ése es mi papá, pero como ella nunca se opuso a mi padre frente a nosotros, da lo mismo si piensa o pensaba igual o diferente. Las veces que hablé con mamá, ella por atrás me dijo que no pensaba igual que papá en muchas cosas. Pero jamás lo puteó en una discusión abierta de toda la familia, ni jamás le dijo "sos un pelotudo por pensar así, un pelotudo soberbio". Con lo que avaló frente a nuestros ojos todas las cosas que nos dijo mi papá. Con lo que mi papá se transformó en esa figura mística que no se contradice jamás. A mí me hubiera ayudado saber que mis viejos discutían sobre lo que estaba bien o mal. Me hubiera dado otra seguridad de que no hay una verdad única y sacrosanta que viene desde arriba, y que ellos no eran infalibles.

Y mis errores, que no tienen nombre: yo les contaba todo lo que hacía Santiago. Les pasaba toda la data. Mi hermano llegó a odiarme, casi. Creo que lo desilusioné mucho. Y mi mamá, con sus anteojeras de ingenuidad, nunca supo ver lo que estaba pasando: que con lo que yo hacía, de contarles, me alejaba de Santiago.

Aun así, soy quien soy. No maté a nadie, no lastimé a nadie demasiado, no miento demasiado, aunque sí miento muchas veces, sobretodo a mis padres, porque es más fácil mentirles que decirles la verdad. Hui de mi casa, con su avenimiento, es cierto, porque ya no soportaba vivir con ellos. No porque hicieran nada malo, sino porque nunca en su puta vida se interesaron por lo que a mí me interesa. La sorpresa de mi mamá: "¿estás escribiendo una novela?" Sí, mamá, escribo.

Escribo poesías desde los 16, y nunca se te ocurrió decirme, cuando las leías, las pocas veces que te las daba, que eran buenas, que siga, porque iba a llegar lejos.

Y sin embargo, acá estoy. Escribo. Seguí escribiendo a pesar de todo eso, lo cual habla de que a pesar de todo, a pesar de mis miedos y mi necesidad de aceptación, a pesar de haberlo pospuesto por la carrera de abogacía, a pesar de la total falta de apoyo y aliciente de parte de mis padres, es lo que realmente quiero hacer. Lo cual habla de la fuerza de la vocación. Yo leí mucho de la vocación, en la UCA, para Filosofía II. Vocación como llamado a hacer lo que uno es. Cumpliendo la vocación es como uno se hace realmente uno mismo. Yo escribiría aunque estuviese prohibido, aunque me cobraran multas, aunque nadie leyera lo que escribo. Lo haría igual. Cualquier otra cosa que hiciera, no me satisfaría como lo hace escribir. Escribiría aunque todo el mundo dijese que escibo bazofias, que no tengo técnica, que no tengo nada que decir. Porque al escribir me siento feliz, mientras que haciendo cualquier otra cosa, estoy, como mucho, contenta.


 

7.12.06

Diez

Me siento bien conmigo misma en estos días, pero nunca al 100%. Es como si algo me tirara hacia atrás, inexplicablemente, porque no hay nada malo en mi vida; por el contrario, las cosas andan más que bien.

Pero muchas veces el problema viene desde dentro de mi mente, porque tengo fantasmas alojados ahí y no hago nada para sacarlos. Estoy cansada de pensar y pensar. No puedo hacer nada si no lo pensé antes detenidamente. Y no me permito ser espontánea. Siempre tengo a mano el látigo.

Fui a rendir Derecho Administrativo. Rendir esa materia fue como deshacerme de un muerto que iba arrastrando desde hace tres años. Fui la última en rendir, porque como mi profesor había renunciado, tuve que cambiarme de cátedra, y la resolución de la universidad no había salido para el día del examen final. Por suerte, no soy de la UBA. En ese caso, hubiera sido más fácil incinerar al empleado que lograr que mi trámite saliera a tiempo. Pero me fui de tema. El mismo día del exámen, en el que de por sí ya estaba muerta de nervios, me tuve que poner a gestionar el tema del cambio de cátedra. Me lo aprobaron in situ, y me agregaron manualmente a la lista, pero debido a eso, me agregaron última, y así fue que rendí: última. 3 horas después de que había abierto la mesa.

Estaba muerta de miedo. Me di cuenta de que a pesar de que había estudiado todo (una cantidad monstruosa de fotocopias, resúmenes y papeles varios, como leyes, fallos de la corte suprema, y artículos de la doctrina) había cosas que no sabía con exactitud, aunque en todas las preguntas que hacían yo podía contestar lo más importante.

Cuando me llamaron, me rendí a lo inevitable. Me senté, y muy tranquilamente, rendí mi examen. Y gracias al fallo Pustelnik c/ Municipalidad de Buenos Aires de la Corte Suprema, metí el golazo contra los ingleses, en el 86. No el de la mano, el otro.

Nunca hago metáforas futbolísticas, pero acá lo amerita. Fue un examen clarísimo. Me tocó un tema fácil: los caracteres del acto administrativo. Explicando la presunción de legitimidad, cité a Pustelnik, y metí el golazo. Me dijeron: puede irse, estuvo muy bien.

Y después esperé, esperé, y esperé para saber la nota... y volví a casa debiendo sólo dos materias para recibirme, y con un diez en la libreta.

16.11.06

¿Quién tiene un perro en sueños?

Elemental, Watson. Una persona que no puede tenerlo en la realidad.

Soy la orgullosa madrina de Martiniano Mollo



Es re simpático el Martiniano. Lo mejor fue que se quedó dormido y cuando el sacerdote le lanzó el agua ni se mosqueó. Es la paz de Cristo, pienso yo. Eso, o que tenía sueño.

Hace cuánto que no escribo nada... pero el derecho administrativo ciertamente me está dando trabajo. Quiero recibirme de una vez por todas, y trabajar, y no estudiar nada durante un tiempo, hasta que arranque de nuevo. Por otro lado, tengo ganas de terminar mi novela.

Hablaba con Ali el otro día y aparentemente escribir una novela no es tan fácil como cualquier hijo de vecino como yo hubiera pensado: parece que "novela" es sólo Don Quijote, y también "Tristan Shandy" de Sterne. Omití el Cervantes al lado de Don Quijote porque me había parecido obvio, pero no es obvio para todo el mundo, lamentablemente. Autores contemporáneos se desgañitan aparentemente por lograr una novela, pero sin resultados positivos. Fracasan. ¿Sería irónico que alguien como yo, que empezó a leer el Quijote y lo abandonó en el cuarto capítulo (como mucho), y que ni siquiera había oído hablar de Sterne hasta que mi suegra lo mencionó, lograra escribir una novela "denserio"? Yo supongo que sí, por supuesto. Pero no soy tan engreída. Dudo que lo haga, porque ni siquiera sé qué es lo que tendría que estar haciendo para lograrlo. Yo sólo escribo, y me guía mi propia mente caótica. Además, hay tantos narradores, y todos en primera persona... es un cocoliche. Pero mis críticos han dicho "está buenísimo" y "me encanta". No sé... cuando tu mamá y tu novio son los que lo dicen, te sentís bien y con ganas de escribir hasta que te duelan las manos, pero también te pica el bagre de conquistar otras opiniones además de las de ellos dos.

Me despido.

Vermouth con papas fritas, y good show pra todos (¡Grande Tato!)

27.10.06

"Dune Messiah"

Acabo de leer la parte dos de la "sexalogia" de Frank Herbert. Me causa envidia que este tipo haya escrito lo que haya escrito y que yo apenas ande garabateando sentidos y significados, cada muerte de obispo. Pero mi novela es "mucho muy" distinta, porque está escrita de un modo particular. Herbert es más clásico en el modo de escribir, mientras que yo hago híbridos, porque de capítulo a capítulo puedo cambiar el género, incluso, hay un capítulo que consiste en una poesía y que expresa el sentimiento de un personaje respecto de otro.
Qué bien organizado está el mundo del desgraciado... se ve que lo tiene todo articulado muy bien, y te lo va tirando de a poco, para que vos lo mastiques solito. Eso me gusta, que no subestime al lector.

La historia que narra Dune Messiah es la continuación de la primera parte, cronológicamente. Pero se nota que tal vez es un libro de transición propiamente dicho, y que está pensado en referencia al anterior y al que le sigue, pero que en sí mismo, no tiene autonomía argumental.

De todos modos, hice lo peor que pude haber hecho, que es leer el segundo libro sin haber comprado el tercero, pero ahora tengo que esperar hasta noviembre para comprarme el tercero de la saga. La falta de recursos es lamentable, cuando condiciona a la cultura.